Fantasias Oscuras De BDSM

Fantasias Oscuras De BDSM
Imaginando...

viernes, 25 de abril de 2014

Bienvenidos





Siempre que leía alguna historia que me gustaba especialmente, recuerdo que imaginaba otros finales, otros argumentos.
Mi imaginación era muy activa, me gustaba soñar despierta y me imaginaba toda clase de perversiones, pero las guardaba muy celosamente dentro de mi ser, hasta que un buen día descubrí que lo que siempre había sentido no era tan raro, ni era algo que solo me ocurriera a mí.
Eso me dio una perspectiva completamente nueva.
Fue como si me apartaran un velo de los ojos y pudiera ver de nuevo, oír de nuevo y sobretodo descubrir que tenía "voz". Que podía hablar y lo mejor de todo que podía ser escuchada y comprendida.
¡Ojalá lo hubiera descubierto mucho antes!
Entonces empecé a escribir todo aquello que mi imaginación había atesorado y que jamás había salido a la luz.

Escribir para mí, es como respirar. Puedo volar a lomos del dragón y sentir el viento sin restricciones ni morales impuestas sobre mi rostro. Es mi alta y oscura torre, donde nadie puede reprimirme ni anularme.

Los relatos surgieron tímidamente y, poco a poco se han ido consolidando.

Hoy empiezo una nueva etapa, con esta primera entrada en mi blog y como todo buen comienzo, esta debe comenzar en...  Un árbol.


Y ella obedeció.


"Estaba tan fuertemente atada al tronco, que casi se podía pensar que formaba parte del árbol.
Él le había arrancado la ropa y se la había dejado hecha jirones. 
Indefensa y vulnerable, se hallaba abierta y ofrecida a la mirada encendida de esos ojos oscuros que, clavados en ella la devoraban.
El hombre se acercó a ella de forma lenta y exacerbó la ya de por sí altísima libido de la hembra. Y pudo aspirar el aroma a hombre que emanaba, cuando lo tuvo tan cerca que podía sentir su dulce aliento en la cara.
Él le introdujo dos dedos en la vagina y comprobó lo húmeda que estaba. Ella no podía hablar, la había amordazado y los ojos no le bastaban para decirle lo mucho que le necesitaba.
—No volverás a escaparte, perra — susurró la voz viril y ronca en su oído, antes de penetrarla.
Se movió en ella con fuerza. La aplastaba con toda su fuerza contra el árbol con cada embestida. Pellizcó entre sus dedos fuertes un pezón endurecido y se lo retorció, mientras la miraba de forma salvaje.
Ella gemía. Tenerle dentro la llenaba, la colmaba. Al borde del éxtasis, intentaba controlarse; no podía sin su permiso.
Delirante de placer cerró los ojos pero, Él le cogió un mechón de pelo y tiró con fuerza, casi brutalmente. Ella abrió los ojos y exhaló un jadeo de dolor.
—Solo cuando yo te diga... —susurró Él, ronco y se derramó dentro de ella.
Cuando terminó la mordió con ansia en el cuello, sin salir de ella. Se separó lo justo para mirarla.
—Ahora, hazlo ahora — ordenó entonces el que era Su Dueño en un susurro ardiente, con las pupilas oscurecidas por la pasión.
Y ella obedeció."