Fantasias Oscuras De BDSM

Fantasias Oscuras De BDSM
Imaginando...

domingo, 18 de mayo de 2014

La Responsabilidad.

El Amo es tan importante para la sumisa que esta siempre piensa en él antes de emprender cualquier acción...
Antes de pensar, piensa en él... Antes de ser, piensa en él...
El Amo, es doblemente responsable...
En esta historia intento reflejar hasta donde llega esa responsabilidad.







     
*…*…*…*…*…*…*…*…*
    El bosque
*…*…*…*…*…*…*…*…* 


Los sonidos nocturnos, la rodeaban. Se magnificaban a su alrededor al tener los ojos vendados.
Las bandas la mantenían inmovilizada, suspendida sobre el suelo. Atada a cuatro arboles, no sabía a cuanta altura.
El miedo la atenazaba, inmovilizada como estaba y la excitación de saber que Él estaba observándola, la alteraban de tal modo que apenas podía pensar. La exposición a la que Él al sometía la enervaba y la derretía...
La entrega de Almudena era tan total y absoluta que deseaba a su Dueño con todas las fibras de su ser.
Una ráfaga de aire helado le azotó la piel desnuda. Se le erizó todo el vello del cuerpo y sus senos, aprisionados por cintillos bien apretados se endurecieron y contrajeron en respuesta a la súbita bajada de la temperatura nocturna.
Almudena tiritó sin poderlo evitar.
Sus extremidades, totalmente extendidas y aprisionadas por las bandas, le impedían protegerse contra el viento.
Su sexo, enteramente expuesto a los elementos, se contrajo involuntariamente, estremecido. Gimió, a través de la mordaza. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que Él la había atado, pero le parecía una eternidad.
De repente oyó ruidos, pasos, ramitas que se rompían, voces, risas... Y Almudena supo que su Amo no estaba solo. Al parecer había invitado a un considerable grupo de hombres, a juzgar por las voces que oía aproximarse.
Solo de pensarlo, Almudena se humedeció y olvidó el frio. Intentó localizar la voz de su Amo pero no le oyó, supuso que se mantenía al margen, para aumentar la expectación y la nerviosa excitación de su perra, pues Él sabía perfectamente como la excitaba oírle, sentir su ronco susurro en su oído segundos antes de penetrarla...
El grupo de hombres la rodeó en círculo y el silencio se adueñó otra vez del bosque.
El corazón de Almudena palpitaba frenético, a la espera de lo que iba a ocurrir.
—Esta es mi sumisa Almudena —explicó Él, interrumpiendo el silencio del bosque.
La amada voz de su Dueño, tan cerca de su rostro, produjo un escalofrío en Almudena y le recorrió la columna hasta la base del cuello.
—Está aquí por orden mía. Ha obedecido sin rechistar, como siempre —prosiguió su Dueño y le acarició la cabeza. Ella intuyó su sonrisa de orgullo —Es una buena perra.
Su Amo dio una vuelta a su alrededor. Acariciaba el contorno del cuerpo femenino suspendido en el aire, según se movía. Encendía la piel de Almudena y la hacía arder solo con el suave toque de sus dedos.
—Aquí la tenéis para vuestro disfrute, ella os servirá estoy seguro, como si me sirviera a mí mismo.
Él se acercó a su oído y susurró, solo para ella
—Sé todo lo perra que eres, querida. Te espero en casa. Ven cuando el último de ellos haya terminado contigo.
Entonces se alejó de ella y traspasó el círculo de hombres que la miraban ansiosos, deseosos de aprovechar semejante regalo.
—Señores, sírvanse —invitó el Dueño y Señor de Almudena. Se dio la vuelta y se alejó sin mirar atrás.
Almudena se estremeció...
¡Él se había ido! La dejaba sola, allí… Con ellos.
El primero de los hombres, el más ansioso, se acercó y le tocó la cara, después recorrió todo su cuerpo. Arañaba, pellizcaba, invadía...
Poco a poco, los demás la rodearon estrechamente y un mar de manos, dientes, bocas y miembros la sepultó.
Almudena obedeció.
Claro que obedeció. Su sumisión a Él era auténtica y el respeto que un día le tuvo, la ayudó a soportarlo hasta que todo terminó.
Los hombres la dejaron a media mañana, sola, desnuda, cubierta de saliva, eyaculaciones y otros líquidos menos nobles, en el suelo del bosque.
Llegó a casa y abrió la puerta, cubierta con una tela de saco, que había encontrado en una cabaña de leñadores abandonada.
Él la esperaba, sentado tranquilamente en el sofá. Levantó la vista del periódico que estaba leyendo y su mirada la recorrió de arriba abajo.
—Caramba, querida… ¡Menudo modelito!
Ella se acercó lentamente. Le miró fijo, sin rabia, sin odio, sin pena... solo con un enorme vacío en su interior. Levantó la mano y la abrió, dejando caer su collar al suelo, frente a él.
—Aquí tienes lo que representa mi sumisión a ti... Lo que representabas tú en mi interior, ha muerto esta noche, mientras dejabas que me utilizaran a su antojo unos desconocidos...
—Pero… ¿Qué dices? Era solo un juego, uno de nuestros juegos... —él se levantó del sofá, pálido, y alargó la mano pero ella se alejó.
—No te preocupes, he dejado bien alto tu estandarte. Seguro que tus negocios irán muy bien a partir de ahora... —continuó Almudena y  se fue hacia la puerta.
La sorpresa y la estupefacción hicieron presa en él, buscaba las palabras que la detuvieran, que la devolvieran junto a él, sin encontrarlas.
—Cuando te di mi entrega y mi voluntad, te los di con mi mayor alegría, pues te habías ganado mi respeto y mi total confianza. Me cuidabas y me protegías cada día, contigo me sentía a salvo y por eso te entregaba mi devoción, mi cuerpo y mi ser... Nunca te puse límites, excepto uno... Que nunca te alejaras de mí, ¿lo recuerdas? —preguntó Almudena junto a la puerta, con la mirada baja y el rostro ladeado hacia él.
—Sí... —asintió él y tragó, con esfuerzo —Almudena, yo...
—Hoy, esta noche... Me dejaste sola. Me sentí vulnerable, desprotegida, nadie me cuidaba... Me habría dado igual que se me hubiera follado toda la plana directiva de tu empresa, los asistentes, los secretarios y hasta los limpia ventanas, te lo habría dado todo... TODO, si no me hubieras dejado sola, pero… Lo hiciste... Rompiste tu palabra de Amo —afirmó Almudena. Levantó la mirada hacia él y dejó que sus ojos le hablaran del vacío que había dejado su dominio —Me has defraudado, por eso… Me voy.
Almudena cruzó el umbral de su casa, dejó la puerta abierta y nunca volvió.
Atrás quedó un hombre cuyo corazón sangraba, herido... por haber fallado.

                                                     FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su aportación, para aprender es necesario compartir y su comentario me ayudará a mejorar.