Fantasias Oscuras De BDSM

Fantasias Oscuras De BDSM
Imaginando...

martes, 9 de septiembre de 2014

Él




Sus palabras se vierten sobre mí, me conmueven, tocan una fibra muy hondo, una que me hace vibrar...
Su voz me subyuga. Es tan ronca, profunda, melodiosa... Me estremece la piel de anticipación cuando dice en tono bajo, intenso:
—Ven aquí. De rodillas.
Y yo me arrastro. Disfruto cada segundo, anhelo que transcurra más rápido y, a la vez, deseo que esos segundos se conviertan en una eternidad...
Las palmas de sus manos se posan sobre mi cabeza, recorren lentamente mi cuerpo, en una caricia suave, dulce... Ese toque cálido y firme, me hace ronronear y contonearme bajo su poder... Sus manos llegan a mis glúteos y los adora, los repasa minuciosamente y comprueba si todavía quedan marcas de la última vez y cuando ya está satisfecho, se aleja, se separa de mí y yo siento que su calor corporal ya no me envuelve...  y su lejanía me provoca un escalofrío que me eriza la piel de frío y algo peor, desamparo.
—A cuatro patas. Piernas abiertas.
La nueva orden resuena en el silencio. Mi abdomen se sacude con expectación, excitación y lujuria y las mariposas echan a volar. El deseo crece, empieza a correr salvaje por mis venas pero tengo que refrenarlo. Debo contener dentro de mí el ansia por que me posea, debo esperar a que Él me lo ordene, me lo pida.
Me muerdo el labio y cierro los ojos, separo las rodillas, abriendo todo lo que puedo las piernas. Me expongo, hundiendo la grupa y elevando las nalgas...
Mi sexo se humedece y noto cómo se instala allí el latir... lento... lento todavía...
Resuena una palmada, un sonido fuerte, poderoso. Una mano que abarca mi anca izquierda me zarandea, electrizando mi columna vertebral y recorre mis terminaciones nerviosas hasta mi cerebro. Las palmadas siguen cayendo sobre mí.
Fuerte, fuerte... más fuerte. Me mantengo quieta, gimo, vuelvo a gemir... me muerdo el labio, me lo chupo...
«¡Oh, Dios!».
Llega un impacto suave. No me lo espero y se me eriza la piel en respuesta. La palma caliente de mi Amo se desliza suave por encima, apenas rozando y siento que me derrito, literalmente.
Empiezo a fluir fuera de mi misma, a resbalar entre mis muslos... Ardo, me quemo... Y el latido entre mis piernas retumba, se hace inmenso... Jadeo y gimo sin parar, me arqueo...
«¡Quiero más!»
Y de repente llega una serie tan potente, tan fuerte que me hace tambalear, la sangre se agolpa en la zona...
Me reduzco, me hago pequeña y solo siento... El latir en mi vulva y el dolor en mi trasero... Es intenso, me traspasa, me hace temblar... Lo siento en la punta de mis dedos, en mi cuero cabelludo, recorriendo mis folículos pilosos como si fuera electricidad... Lenta, una y otra vez, como oleadas en una fría playa del norte donde el sol no se deja ver más que contadas veces entre claros de nubes blancas y grises.
Él se detiene.
Se aleja otra vez... y esta vez es peor, mucho peor. El calor me abandona y los dedos de la gélida soledad reptan por mis piernas y el miedo me susurra: «Él se va. Te deja. Te abandona».
Me mantengo quieta, a la espera... Su voz no ordena y solo oigo Su silencio...
El tiempo se detiene... No hay ningún reloj, pero juraría que oigo los engranajes girar hacia atrás...
«¡Por favor! —suplico en mi interior—.  ¡Oh, por favor!».
Pero sigue el silencio, se hace tan denso que no puedo soportarlo más y gimo, un gemido largo, sensual, destinado a descolocarlo... A provocarlo...
Oigo su risa. Sé que le ha llegado.
Se acerca despacio, veo sus pies, me rodea y sus dedos se hunden en mi pelo. Tira con fuerza, me levanta la cabeza y me mira intenso a los ojos, tiene las pupilas dilatadas y respira rápido.
«Oh, dios bendito». Me muerdo el labio, reprimiendo un gemido. Intento evitar por todos los medios que la súplica que me quema en la garganta, salga de mis labios.
Me besa, me invade la boca y se apodera de mi cavidad bucal con su lengua. Su sabor es tan y tan adictivo que sería feliz si muriera de sobredosis. Sus labios dulces y cálidos me comprimen los míos en una caricia intima que me hace temblar las rodillas, me tambaleo y Él me sujeta...
Siempre me sujeta, me sostiene...
En sus manos... SOY.


Teva, per sempre.

4 comentarios:

  1. Pffff realmente excitante querida Iona,siempre hay una persona que nos hace conocer los límites del placer con tan sólo oír su voz y sentir su roce.

    Un beso guapa

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  2. Así es, Sandryska. Y esa persona nos hace ser más conscientes de nuestro valor y nuestro SER.
    Un beso!

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  3. Intenso.

    sahktabi de Kowalski

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    Respuestas
    1. Gracias por tu paso por aquí, preciosa sahktabi de Kowalski.
      Besos y sonrisas!

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Gracias por su aportación, para aprender es necesario compartir y su comentario me ayudará a mejorar.