Fantasias Oscuras De BDSM

Fantasias Oscuras De BDSM
Imaginando...

lunes, 9 de noviembre de 2015

Mío



¡Por fin es mío!
Lo había esperado a la salida del trabajo y lo había engatusado para que me ayudara a cambiar la rueda pinchada de mi furgoneta.
Él siempre ha sido un encanto, me sonrió con esa sonrisa que me hace babear y se agachó a examinar la rueda.
No me fue difícil colocar el pañuelo en su boca, bien empapado de cloroformo y dejarlo dormido como un angelito.
Luego lo subí en la furgoneta. 
¡Ufff, lo que me costó! 
Es grande como un toro y además musculado, con lo que su cuerpo era un peso muerto de cuidado, 
Pero lo logré. 
Lo llevé a la nave que había alquilado, entré con la furgoneta y cerré a cal y canto. 
Lo bajé, desnudé, até y expuse su cuerpo perfecto ante mí. 
Despertó y su confusión me puso a mil. Al principio no sabía qué estaba ocurriendo, pero cuando empecé a jugar con él, a excitarle en contra de su voluntad, simplemente me derretí de placer.
Su furia, mezclada con su lujuria y su rabia llena de deseo me hicieron delirar.
¡Cómo disfrute al someter su piel y su cuerpo!
Me relamí de gusto y él también me relamió.
¡Oh, sí! Ya lo creo.




Cuando estuve plenamente saciada le aseguré que haría lo mismo con él cada vez que me apeteciera.
Él renegó, me insultó con una ira llena de desprecio, lo cual me enfureció y le cogí por dónde los hombres pierden la cordura.


No volvió a protestar. Se interrumpió de golpe y solo pudo gemir. Me dediqué a su polla hasta hacerle suplicar y cuando estaba a punto de correrse, me retiré y le dejé.
Desesperado, me rogó, me suplicó, me imploró y le ignoré.
Entonces, no sé cómo, se desató.
¡Dios, eso sí que me puso a mil!
Vino a por mí con la ira de los infiernos en sus ojos y la lujuria de un íncubo en su polla dura como el cemento.
Eché a correr, pero apenas pude dar dos pasos y ya me tuvo tumbada en el suelo.
—Ahora vas a saber lo que es bueno, puta —amenazó con su mano rodeándome la garganta y apretando con fuerza.
Sonreí y me burlé.
Eso lo enfureció hasta inyectarle los ojos en sangre. Me abrió las piernas y me empaló tan profundo que pensé que me habría partido en dos.



¡Qué maravilla!
Tenía la verga tan grande que os juro que la noté en la garganta. Sus embestidas eran de una fuerza descomunal: Rápidas, contundentes, profundas.
Mi cuerpo entrelazó orgasmos tan seguidos que perdí el mundo de vista. Estaba a merced de un macho copulando.
¡Y qué macho!
Era brutal, salvaje...
Buscaba su propia satisfacción, pero no pudo resistirse a mi placer y se hizo adicto a mis gemidos.
Se corrió totalmente hundido dentro de mí, pero continuó tan empalmado que siguió follándome como si no hubiera un mañana.



Jamás había disfrutado tanto. 
Al final, después de un polvo descomunal, se quedó dormido y volví a sedarle. Lo vestí, lo llevé hasta su coche y lo dejé durmiendo.
A la mañana siguiente fue a trabajar, lo cual me maravilló. Creí que necesitaría una semana para recuperarse.
Entré en su oficina, como cada día, con el casco puesto y me levanté solo la visera. Él me sonrió, tan encantador como siempre, y le entregué el paquete del correo.



No me había reconocido.
¡Bien!
Sería mío cómo, cuándo y cuantas veces yo quisiera.
Sé que me estas leyendo y jamás sabrás quién soy, pero sabes que eres...
¡MÍO!

jueves, 29 de octubre de 2015

Morderse el labio

Un gesto tan simple ¿verdad?



Pudiera parecer que nunca, antes de cierto boom mediático, ninguna mujer se hubiera mordido jamás el labio en momentos de excitación o cuando miramos algo que nos gusta mucho... 
Mucho...



Desde tiempos inmemoriales las mujeres nos hemos relamido los labios, tanto los de arriba como los de abajo, cuando algo tan fantástico como un HOMBRE se nos ha puesto por delante:
Impúdico. Provocador. Indecentemente atractivo.



O una mujer...


¡¡Mmmmmm!!





















La sensualidad, la sexualidad... Esos regalos divinos o diabólicos ¿qué más da?
Goce, disfrute, deleite de los sentidos.

¡Feliz Jueves! 
Sean descaradamente indecorosas/os, insolentes y atrevidas/os.
Y no olviden jamás el Consenso.
Besos de lujuria indecente y perversa.